Gaztelekus, espacios para conocer gente y trabajar valores sociales

Juventud 2018-04-16 | 0

Personajes de la Casa del Terror

Los gaztelekus son espacios de ocio para jóvenes que ofrece el departamento de Juventud; han pasado como mínimo 25 años desde que se abrieron, y aunque al principio había más, actualmente son dos los gaztelekus que permanecen abiertos en nuestro municipio, uno en Beraun y otro en Gabierrota. Abren por la tarde, de miércoles a sábado. Actualmente, los gestiona la asociación Hezizerb. Son abiertos y gratuitos.

Son puntos de encuentro para jóvenes, donde además de relacionarse con jóvenes de su edad, trabajan diversos proyectos y actividades con los y las educadoras. No son grupos cerrados, cada persona puede estar el tiempo que quiera, siempre dentro del horario de miércoles a sábado de 17:30 a 20:30 horas. En general, los miércoles y jueves entre los dos gaztelekus reúnen a 25 jóvenes, por lo que aprovechan esos dos días para trabajar los proyectos que requieren mayor reflexión o trabajo. Los viernes y sábados entre ambos gaztelekus pueden llegar a reunir entre 60-100 jóvenes.

Hay quienes han decidido acudir al gazteleku tras recibir información en su colegio; nueve de esos jóvenes han contado en Herri Bizia su experiencia y vivencia personal. “Vinieron a darnos una charla al colegio” dicen. Comentan que suelen dejar la información en la entrada de los centros. La mayoría acude a los gaztelekus junto a sus amigos y amigas, reconocen que no es fácil acudir solo o sola. Angel: “yo vine solo, y al principio tenía miedo, no sabía cómo me iba a desenvolver, pero estoy muy a gusto”.

En el gazteleku, como en casa

Grupo de trabajo de la Casa del Terror

Las principales razones por las que se decantan por un u otro gazteleku son el lugar donde viven o la elección de sus propios compañeros y compañeras. La franja de edad de las personas que acuden a los gaztelekus es de 12-18. Muchos de ellas ya han estado en las ludetocas de 6-12, y posteriormente, con total naturalidad dan el paso de las ludotecas a los gaztelekus. Jagoba es un ejemplo de ello, empezó en la ludetoca y ahora continúa con el gazteleku: “en la calle se pueden hacer cosas, pero aquí estamos como en familia. Los y las educadoras son mucho más que eso, son nuestras compañeras, casi nuestros hermanos o hermanas mayores, nos importan mucho y les queremos. A algunas personas si les viéramos por la calle ni les saludaríamos, pero aquí somos compañeros. Es un buen lugar para hacer amigos y amigas”.

Naiara también lo tiene claro: “la gente joven quiere locales, y aquí lo tenemos, pero además disponen de recursos, pin-pon, futbolín, etc., aparte de tener educadores para que nos ayuden”. “Nosotras vinimos en cuadrilla, pero aquí nos hemos juntado con otra cuadrilla”.

Según Mica, “es una manera de estar con amigos, en vez de estar solo en casa tirado en el sofá; aquí estamos con gente, y a gusto”. Reflejo de todo lo que dicen es que la mayoría hace tres años o más que acude al gazteleku. Los y las educadoras subrayan que se recibe bien la gente nueva, se impone el “respeto”. Y Naiara añade que “al fin y al cabo esto es una convivencia, hay que saber estar con la gente”.

Nada más entrar al gazteleku se ven el futbolín y la mesa de ping-pong, pero ir al gazteleku es mucho más que jugar. Organizan el curso en función del calendario, con diversas vacaciones o periodos festivos. Además, trabajan días especiales y temas transversales relacionadas con las mismas; también admiten propuestas, y muchas veces reciben propuestas para la programación de periodos vacacionales.

Un personaje de la Casa del Terror

Preparación de la Casa del Terror

Entre las actividades fijas programadas se incluyen, entre otras, las siguientes: el proyecto Birziklatu, el proyecto San Markosene, la Casa del Terror y los Carnavales, de los cuales el preferido y más conocido en el pueblo es, sin duda, la Casa del Terror. Alrededor de 20 jóvenes participan en la preparación, pero llegado el día más de 100 jóvenes acuden a este edificio de Beraun. El grupo de jóvenes entrevistado lleva tres años trabajando en los preparativos de la Casa del Terror, pero ya hace 6 años que se organizó esta actividad por primera vez.

Los y las educadoras comentan que la implicación es total; en su opinión, “Dominan el tema de la Casa del Terror, saben más que nosotros”. Los preparativos se ponen en marcha con 3 semanas de antelación. Convocan una reunión y reparten tareas, cada persona elige un personaje, busca la ropa y accesorios para interpretarlo, música, atrezzo… se encargan de todo. También echan mano de otros proyectos del Gazteleku para la Casa del Terror, por ejemplo, dentro del proyecto Birziklatu recogieron hojas y las reutilizaron esparciéndolas por la Casa del Terror. Preparan cada habitación de la casa, y cada cual representa su personaje, siempre con la intención de asustar a todo aquel que se acerque.

Pero antes de llegar a ese punto, también realizan otras tareas. Por ejemplo, en 2017, para organizar la Casa del Terror, primero eligieron la temática: las brujas. Para empezar, acudieron a un festival que se organizó en Irisarri junto a más jóvenes, para tratar temas como la huella de la cultura y la mitología vascas. Posteriormente, visitaron Zugarramurdi para acercarse al mundo de las brujas; visitaron las cuevas y el museo de las brujas. Así mismo, también estuvieron el Irún para conocer de primera mano un programa parecido que allí se organiza, para poder tener referencias. Con la información recabada formaron un programa que tuvo mucho éxito, ya que 102 jóvenes participaron en la Casa del Terror.

Además de la preparación, también se encargan de darle difusión. Preparan carteles y los colocan por la villa, además de dar difusión a la actividad en sus redes sociales.

Del gazteleku a la residencia de mayores, conocimiento mutuo entre generaciones

Como decíamos, la Casa del Terror es la actividad que más trabajo requiere, pero no la única. A lo largo del curso también se trabajan otros proyectos. En Gabierrota, cada semana trabajan sobre el proyecto Birziklapen. En Beraun, en cambio, tienen el proyecto San Markosene. Cada dos semanas acuden a la antigua sede de San Markosene, donde cada joven mantiene contacto con una persona mayor de la residencia y pasa una hora junto a ella. Según los y las educadoras, el intercambio entre generaciones es impresionante.

Al margen de actividades programadas, también realizan otras actividades sueltas o actividades que proponen los y las jóvenes: ahora, por ejemplo, están trabajando sobre el guión para grabar un cortometraje. Además de todo esto, al preguntarles por las actividades realizadas, han mencionado otras como hacer pequeños murales, pintar las sillas del local, talleres de cómic, etc. También en ocasiones utilizan el espacio para realizar los deberes del colegio.

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